JUSTICIA · Restituir lo que no puede ser restituido
ENRISCO blog.- Eusebio Leal, reparador mayor de edificios, viaja a Washington. Muestra algunas de sus obras (después de todo es un artista) y comenta cuántas cosas más podría hacer si los desterrados le cubrieran los gastos. Un exiliado (porque exiliado tiene que ser el autor de tamaña pesadez) le pregunta por las casas confiscadas, si (ya que les están pidiendo dinero para repararlas) tienen algún plan de devolverlas. Leal, sonríe, condescendiente.
Cuánta mezquindad, cuánta roña enquistada debe tener alguien que ante un proyecto tan vasto y generoso sólo se le ocurre pensar en la casa que perdió cincuenta, treinta, diez años atrás. Una casita que seguro que ahora está hecha mierda y que valdrá menos que las reparaciones que habría que hacerle. Leal dice que exigir la devolución de las propiedades confiscadas es como pedir a la Revolución francesa que le devuelvan la cabeza a Luis XVI. Él y el público ríen. Relajadamente. Como si no se dieran cuenta que sin querer han dado con la definición de la justicia: restituir lo que no puede ser restituido. La cabeza, la casa o la tranquilidad confiscada. Volver a poner las cosas en el lugar donde ya no podrán estar, esa ilusoria devolución del equilibrio.
No estoy seguro que si le hubiesen reclamado justicia por algún fusilado habría hablado de la cabeza de Luis XVI. Lo seguro es que habría causado menos gracia.







Curiosa definición de justicia, que nos recuerda que las víctimas no pueden ser olvidadas. Pero ¿cuáles son las víctimas? ¿Fue justa la ejecución de María Antonieta? ¿Los verdugos de una sociedad injusta se convierten a su vez en víctimas cuando se les exige que paguen sus deudas con la sociedad?