EDITORIAL GUAMAÑANGA · ¡Prudente sea la prudencia!
14 enero, 2013 – 9:48 PM | Sin Comentarios

La felicidá es rápida y ríspida. Los negros, pardos y morenos de la ínsula están ahora en el cuento viejo de que si van y hacen la cola pa’l pasaporte pueden viajar a donde sea, …

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NO TE VAYAS A RAJAR · Por Calderón de la Canoa

Enviado por en 10 julio, 2012 – 1:52 PMUn Comentario

Viendo este corto que tan bien trata la problemática que nos toco vivir a cientos de miles en las escuelas en el campo me doy cuenta que en esos años y aún ahora, el concepto de respeto hacia el otro jamás fue incluido en ningún programa de estudio, no estuvo nunca en la simple dinámica de la convivencia en aquellas leoneras que eran los albergues de las becas. No recuerdo un solo profesor ni director que lo haya tenido por planteamiento válido y necesario para la vida en grupo y más a la edad en que se aprende a ser cada minuto que se vive.

Lo jodido es que si no lo hubo en la escuela tampoco lo había en la sociedad, el respeto al otro se ganaba solo si el otro se daba a respetar, por eso aquello de que “al que te dé, le das” era el primer escalón de muchos que inexorablemente iban a la bronca y al maleo, era normal que cualquiera se desquitara de sus líos cebándose en otros porque, ¿acaso los hombres, los revolucionarios pueden tener mesura? eso es tener miedo y los hombres no tienen miedo, solo los cristales se rajan, los machos mueren de pie y otras lindezas de ese sistema educativo-carcelario que todavía muchos inocentes de afuera tienen por modelo y logro.
Crímenes de toda laya pude ver y recuerdo la anuencia del personal de las escuelas con estas situaciones, el rechazo al débil, el abandono del frágil, el abuso sistemático, eso que hoy llaman “bullying” y que se tiene por inaceptable. Pero lo que más me duele es caer en cuenta de que nadie, absolutamente nadie, habló alguna vez del respeto al otro, de la necesidad de respetar su espacio, sus creencias, sus necesidades, la forma en que veía la vida y como la asumía, nadie en lo absoluto, pues aceptar que el otro merece y necesita respeto era claudicar, rajarse, dar espacio a la duda.

….
COLETILLA GUAMAÑANGA: Encontramos bueno el corto pero mejor será aclarar dónde se desarrolla la trama y en qué época pues llama la atención a quienes pasamos por esas “escuelitas”, la existencia de taquillas, sábanas, corchas y hasta corbata. Más aún, que alguien tenga que afilar una cuchara de aluminio cuando todos andaban con cuchillas y algunos con machetes.

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