EDITORIAL GUAMAÑANGA · Lo Real Metatrancoso
Ya lo dijo aquel cubiche de afrancesado acento que patrióticamente murió en París, lo real maravilloso existe y aquí es pan de cada día aunque no haya pan, porque a decir de otro que vino a dejarnos todo lo que hoy tenemos y fue, ido como estaba, el que sembró en nuestras costas insulares aquella diatriba de que esta es la tierra más fermosa que ojos humanos vieran aunque a las finales sea de lejos, desde cualquier parte pero lejos, como se ve mejor.
En estas costas no se come vaca, se come curieles, ratones al final que dicen comía un imperio de los Andes que no lo jamó más después de la imposición del colonial bisté, español, foráneo pero mejor, que nuestro vino es agrio pero… ni pinga, que la vida es corta. No se jama yuca, pues más bondades tiene la moringa, india, ajena, extraña pero encandiladora de cagalitrosas mentes que ni el yoga salva ni endereza, e impone esa costumbre incomprensible de declarar sagrado a un bicho que caga, mea y da filetes. No es necesario el pollo común pues la claria es preponderante, insistente, omnipresente, verdosa, canivalística, rica en minerales y detrozos de la fauna local. No basta la cola, la marcha, el abuso, la ida, el atraso y la falta, hay que además ser testigos de cómo una sola pata patea muchos culos, mentes, lenguas y huevos en repetida danza resingonáutica y constante porque así lo quiso él mismo.
Asombran, a veces pero ya no tanto, el dimensionar que la estupidez y la guanajá son condiciones endémicas de la isla, residentes y manifiestas en sitios donde se originan, alimentan y se subdesarrollan ampliamente como en el consejestado o la redacción de Cubadebate, verderos santuarios donde los chuparabos atacán las matas del vecino mientras lamen hojas y suelas, revolucionaria y dementemente. La comeduría de tranca tiene contados sus abriles, pues luego de que caigan las mojonerías todas y rueden por el polvo las metatranqueses de tanto chiva, socotroco, mamavaras, mascavidrios y comemierdas ya habrá tiempo para, sacándole el cuerpo a las responsabilidades históricas, tan difíciles de cobrar, ir señalando al otro y gritar: “¡Yonofuí!”, enumerar las boludeces, hijeputadas, metidas de pie, inventos, guayabas, pifias, turcas, números y estupideces que se hicieron y que, otra vez, mágicamente, tendrán por único causante a aquel que fue prohombre para pencos comunachos lejanos y pajuatos que para estas fechas, dormirá de una vez, jama de nosotros, los gusanos, el sueño eterno de los injustos aunque falten 13 700 años.






