EDITORIAL GUAMAÑANGA · ¡De P… queridos amiguitos!
Triste, como una cola que se desintegra cuando lo que se vendía se acaba es el futuro que nos espera, color cajemuerto, pútrido y con unas rumbas que suenan a trueno. Y es que el descaro es antólogico. A uno y otro lado del estrecho ancho que nos separa, reptan tonga de descara’os en el pujilato y la fachadera. Los unos aquí, queriendo ser cada día más dueños de todo, haciendas, fincas, guardarrayas, bohíos y cunetas, los otros allá, metiendo turca en el medicare, en la empresita telefónica y en cuanto bisne con trampa puedan jalar pa’ los bolsillos propios lo ajeno. Hijitos de papá, toditos todos.
Para más jodienda, da rabia ver que aquellos que están en los tejemanejes oscuros y con raros procederes, son los mismos que por delante dicen una cosa y por detrás otra, los Mas Mas que son de ampanga, el Saladrigas y compañía, esos chupa-chupa expertos en defender cardenales y loquitos por juntar a las dos mafias de ambos lados del ancho estrecho, las mulas de la provincia Mayamense en el lleva y trae por cuatro pesos y el sostén de nuestras magestades, la china y el cagante reflexionero. ¡Qué bayú señores, que nuestros humanos ojos no alcanzan a ver!
Y ni siquiera nuestras mentes a imaginar, porque por algo a los indios, negros y mestizos de la isla toda no les dan cordel pa’ levantar la vista del conuco, pues lo que hay es pa’ ellos porque de uno y otro lado son lo mismo. ¿Es este el futuro que nos espera? ¿Seremos presa, mañana, de esos facharines, mueleros, meteturcas y jalalebas de ambas orillas? ¿Serán los patricios de mañana esa tonga de chucheros, que en la muela y el facho tienen su cocúye?
Hijos de putas son, padres de putos serán. En esta hora oscura, cuando las fuerzas que se ciernen sobre el cadáver moribundo de la república, con afán insano de vejar sus despojos, hacerse con lo poco que hay y atrapados entre unos y otros, solo nos queda echar mano a la sabiduría mientras nos aferramos al último poste en pie de la decencia y gritar: ¡De pinga queridos amiguitos, de pinga!
Y eso que Dios está con nosotros…






